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Ojos cerrados, corazón abierto

A ciegas, así comencé esta aventura tan desconocida como importante para mí. Necesitaba llenarme de valor y energía, porque las ganas… las ganas no me faltaban. La responsabilidad y el compromiso fueron algo que tuve claro desde el primer día. Bajo ningún concepto quería fallarles.

Pasar un día de convivencia, música, miradas y risas cómplices en el Encuentro de Familias bastó para hacerme dar el paso y unirme a ellos… Perdón por la expresión pero pensé “¡Joder, yo también quiero disfrutar así con ellos!”

Todo el mundo me decía que lo haría genial por mi experiencia, tengo un hermano pequeño con Síndrome de West, pero creo que era precisamente eso lo que me hizo tener más miedo. Al principio, no sabía cuál sería exactamente mi labor, pero con el tiempo aprendí que no era otra que dar cariño y confianza de la misma manera que ellos me la darían a mí.

En ellos descubrí el verdadero significado de las palabras esfuerzo, constancia y positividad, entre otros muchos valores…

Jamás hice algo tan bonito como estar con ellos en el cine, tomar un café en un bar mientras nos contamos nuestras cosas o reírnos de nuestras tonterías de la vida diaria. Jamás, algo tan inolvidable como mis primeras vacaciones en Marbella. No tengo palabras para describir como fueron aquellos días. Los chavales se lo pasaron en grande y yo quedé fascinada al ver como un equipo de personas se organizaba y luchaba desde dentro para que todo saliera perfecto y ellos disfrutaran de unos días geniales. Mis lágrimas del último día delataban que aquella había sido una de las experiencias más intensas de mi vida.

Llevo 4 años como voluntaria en ASPACE SEVILLA y a día de hoy no se me pasa por la cabeza ponerle fin a esta etapa.

A todos y cada uno de ellos, chavales y voluntarios, les agradezco la acogida que tuvieron conmigo, lo hicieron con los ojos cerrados y el corazón abierto.

A quien quiera que lea esto, decirle que no sé si entenderá mis palabras, pero le recomiendo que lo compruebe en primera persona, porque no hay nada más gratificante que todas esas sonrisas y amor… mucho amor, que te llevas a casa.

Gracias familia de ASPACE por ser como sois, por ponerlo tan fácil, por formar parte de mi vida. Y digo gracias familia, porque después de tantos años, eso es lo que somos, una gran familia, o al menos es así como yo lo siento.

María León Hidalgo
Voluntaria de ASPACE SEVILLA

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